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Organiza la cena perfecta para tus invitados

Cuando en casa se celebra una cena con amigos, clientes o cualquier invitado de la familia, la empleada de hogar tiene que ser capaz dar apoyo de forma discreta pero eficiente. Detrás de una agradable velada hay mucho trabajo y, en ciertos momentos, supone un dolor de cabeza… ¿Qué preparo para cenar? ¿Será mucho? ¿Será poco? ¿Qué vino pongo? ¿Y si traen los invitados el vino y yo ya lo tengo preparado?… Son pequeños detalles que no se perciben si están, pero que si faltan “canta” mucho. Una empleada de hogar que maneje bien todas estas cuestiones se convierte en un activo imprescindible en el hogar. Un soporte inigualable para la familia.

Veamos unas directrices básicas para que la noche fluya con armonía y la imagen que se ofrezca sea discreta y elegante.

El arte de preparar la mesa

Cada cosa en su lugar

  • Hay infinidad de imágenes y videos explicativos en internet sobre cómo poner la mesa correctamente. Sólo citaré unos pasos y algún truco para que sea fácil recordar dónde va cada cosa.
  • Lo primero que tenemos que buscar es un mantel bonito (a mí me gusta mucho que sea blanco, o de un color clarito). Debe estar limpio y bien planchado. A la hora de colocarlo debemos tener cuidado que la caída por los distintos lados de la mesa sea más o menos igual, no quedando un lado muy bajo y otro alto. Es muy recomendable poner un hule bajo el mantel para proteger la mesa de posibles golpes o derrames que puedan ocurrir en el transcurso de la cena.
  • Una vez colocado el mantel, debemos elegir una vajilla, cubertería y cristalería acorde a la ocasión. Recordemos que con la sencillez no nos equivocamos nunca, pero cada uno debe ser fiel a su estilo y su personalidad. Ahora sí, deben ser juegos completos y en buen estado.
  • Veamos como colocarlo en la mesa:
    • Podemos colocar bajo platos o no, eso queda a criterio del anfitrión, pero ojo con recargar mucho la mesa. A veces menos es más.
    • Colocamos primero el plato llano y encima el hondo, en caso de que haya algún plato de cuchara, u otro llano, para el primer plato.
    • Alrededor de los platos vamos colocando los cubiertos. Ante todo, sólo debemos colocar los cubiertos que los comensales van a utilizar. Parece de cajón, pero no lo es tanto. Como truquillo para no olvidarnos, hay que colocarlos siguiendo el orden de los platos que comeremos, desde fuera hacia dentro.
      • La cuchara a la derecha, donde la buscaríamos para comer un buen gazpacho.
      • Los tenedores y cuchillos fieles a la mano que los cogen para dar buena cuenta de un rico pescado o de un buen chuletón. Así, el tenedor se coloca a la izquierda y el cuchillo a la derecha, con el filo hacia el plato.
      • En la parte superior, en horizontal, los de postre, siguiendo la misma directriz: cucharilla y cuchillo con el mago hacia la derecha y el tenedor con el mango hacia la izquierda, una vez más, cada uno apuntando a la mano que lo va a coger.
      • Los cubiertos más especiales como las tenazas del marisco han de colocarse a la derecha del comensal.
    • La servilleta también se pone a la derecha, aunque es igual de aceptable colocarla sobre el plato.
    • El plato del pan y las copas se colocan en la parte superior. El plato del pan a la izquierda, encima de los tenedores, y las copas a continuación de los cubiertos de postre. A la izquierda el del agua y a la derecha el de vino.


infografía colocación cubiertos

Servir la cena

La comida se sirve por la izquierda de los comensales y los platos se recogen por la derecha. La bebida se sirve por la derecha y debemos tener cuidado de no apoyar la jarra o la botella en la copa y no llenarlas demasiado (¡aunque el vino apetezca mucho!).

Por último, antes de servir los postres debemos recoger los platitos del pan y recoger las migas.

La regla de oro del buen anfitrión

No hay mejor anfitrión que el que hace sentir cómodos a sus invitados. Hay un mito muy extendido y es que, según las normas de educación y protocolo, si eres un tipo educado, deben ser cumplidas en todo momento. Nada más lejos de la realidad. La educación se inventó como signo de respeto hacia los demás. Si nuestro comportamiento no consigue ese objetivo, estaremos siendo estirados, no educados.

Os voy a contar una historia que refleja bien esta idea, tal y como la cuenta José Antonio de Urbina, autor del libro “El gran libro del protocolo”, en referencia a una anécdota vivida por Alfonso XIII:

“En el transcurso de un almuerzo oficial, uno de los invitados que no había visto un lavafrutas en su vida pensó que el bol con agua que le habían colocado junto al plato era para bebérselo y, ni corto ni perezoso, se lo bebió, ante el asombro de los comensales que compartían mesa.

Alfonso XIII se percató de lo ocurrido y, de inmediato, agarró su bol y se lo bebió de un tirón. Ante el gesto del Rey, el resto de los invitados, sin mediar palabra, tomaron el lavafrutas e hicieron lo mismo que el monarca”.

 

 

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